Leyendas de Yucatán
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Leyendas de Yucatán

Aquí vamos a conocer algunas leyendas de Yucatán, el sitio de los Mayas.

La Leyenda de los Porotos Blancos

Había una vez un hombre muy bueno, pero se sentía desdichado. Un día pensó que su infelicidad terminaría si vendía su alma.

Para ello se concentró e invocó a Kitzin, que concurrió rápidamente a su encuentro.

-¿Para qué me invocas?- preguntó Kitzin.

  • Quiero vender mi alma y pensé que estarías interesado en tenerla- respondió el hombre.

Por supuesto que Kitzin estaba interesado en quedarse con el alma de un hombre bueno y le dijo:- ¿Qué quieres a cambio de tu alma?

-Te haré siete pedidos. Uno por cada día de la semana.

-Concedido- respondió Kitzin- pídeme lo que quieras.

El primer día, el hombre pidió dinero. Inmediatamente sus bolsillos se llenaron de monedas de oro.

El segundo, pidió buena salud y pronto se sintió fuerte como un buey.

El tercer día exigió comida. Y su mesa se cubrió de los más exquisitos manjares que degustó hasta hartarse.

El cuarto día, pidió mujeres. Al instante se vio rodeado de las más bellas mujeres que jamás había visto.

El quinto día pidió poder. Y vivió como el más importante de los caciques.

El sexto día deseó viajar a tierras lejanas y en un instante fue trasladado a los lugares más exóticos y pintorescos del mundo.

Kitzin le dijo- Piensa bien lo que quieres, pues te queda un solo deseo por cumplir y tu alma será mía.

El hombre respondió: solo quiero que laves esos porotos negros hasta que se vuelvan blancos.

Kitzin se rió a carcajadas ya que ese pedido era muy fácil. Kitzin se puso a lavar los porotos pero no había manera de que cambiaran de color.

Pronto Kitzin se dio cuenta que había caído en una trampa y había perdido un alma.

Entonces Kitzn dijo: Esto no debe volver a ocurrir. A partir de ahora habrá porotos negros, blancos, amarillos y rojos.

El Canancol

El Canancol es un muñeco que está a cargo del cuidado de las plantaciones.

Los agricultores, para evitar que les roben el fruto de su cosecha, acuden a un hechicero llamado men, que hace la siguiente práctica:

Primero el dueño del campo construye un muñeco. El tamaño del muñeco debe ser proporcionado a la extensión del campo.

Sobre el campo se marcan dos diagonales para ubicar el centro. Alí se coloca el muñeco, el hechicero lo recubre con la cera de nueve colmenas. Una vez terminado, se le colocan dos porotos por ojos.

Maíces en lugar de dientes y porotos blancos en lugar de uñas. El brujo, entonces comienza a colocarle los órganos mientras invoca a los cuatro vientos para que sean compasivos, ya que el fruto de ese campo es lo único que el campesino posee para alimentar a sus hijos.

Cuando el hechicero termina de hacer al muñeco, realiza una invocación mientras le coloca hierbas que solo el brujo conoce.

Luego se lo presenta al dios sol y se lo ofrece al dios de la lluvia. Quema hierbas y ese fuego sagrado es mantenido por espacio de una hora.

Luego el hechicero embriaga a los asistentes con un aguardiente muy potente para que no puedan advertir la llegada de los dioses a la tierra, ya que solo él puede verlos.

La ceremonia se realiza al mediodía. Cuando el sol está en su punto más alto, el hechicero hace un tajo en el dedo meñique del campesino, de donde exprime nueve gotas de sangre que hace caer en un hueco dejado expresamente en la mano del muñeco.

Luego el men dice al muñeco:- A partir de este momento comienza tu vida. Este es tu amo a quien debes obedecer, en caso contrario los dioses te castigarán. Este campo es tuyo y debes protegerlo de intrusos y ladrones. Esta será tu arma- y el hechicero coloca una piedra en la mano del muñeco.

Dice la leyenda que el Canancol permanece tapado hasta que salen los frutos. Allí se lo descubre para que cuide la cosecha. Es tan firme esta creencia que nadie se atreve a entrar en una finca donde hay un Canancol por miedo a recibir pedradas mortíferas.

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